Novena · Día 7 de 9
Séptimo Día
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Acto de Contrición
Continuamos donde te quedaste.
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Acto de Contrición
Con humildad, pide perdón por tus faltas.
¡Oh hermosísimo Niño de Atocha! Perla candidísima de valor infinito, adorado Niño de mi corazón, fuente inagotable de maravillas, raudal de portentos, manantial de consuelos y Padre de toda piedad y misericordia.
¡Oh preciosísimo Niño de Atocha! A tus pies soberanos humildemente se postra este ingrato y vil pecador, quien desea, a costa de sus lágrimas, desagraviarte, suplicándote le perdones sus culpas, interponiendo por intercesora a tu Santísima Madre.
Y bajo esta seguridad llego confiado en que Tú eres el insondable piélago de bondad. A Ti, bien mío, a Ti suspira mi infeliz y pobrecita alma, que, avergonzada de estar ante tu divina presencia, te dice con veras de lo íntimo de su corazón que le pesa haberte ofendido.
Pero, ¡idolatrado Niño de Atocha!, por ser quien eres te pido me des:
- la contrición que diste a Dimas,
- las lágrimas de Pedro,
- las dulces expresiones de Agustín,
para así desagraviarte, como lo desea mi corazón.
No, Niño, no cortes el hilo de mi fatal vida. Dame tiempo para hacer penitencia y llorar mis culpas, como se lo concediste a María Magdalena.
Y juntamente te pido la resistencia de San Pedro de Alcántara, para ser así grato a tus divinos ojos, y poder, por medio de la penitencia, limar y quitarte los grillos que tienes puestos, con los cuales estás en las manos de tu Santísima Madre.
¡Oh Niño de Atocha! ¡Oh Niño gallardo! ¡Oh Niño misericordioso! Perdóname de haberte ofendido, pues yo propongo no ofenderte más.
Te lo pido por tu Santísima Madre, Santa María de Atocha, por su pureza intacta, por aquella virginal leche que mamaste de sus purísimos pechos y por el dolor que tuvo cuando te circuncidaron.
Amorosísimo Niño de Atocha, espero en Ti, confío en Ti, y por Ti creo lograr mi salvación por medio de esta Novena que humildemente te presento. Y creo verdaderamente no salir desconsolado con lo que sabes que necesito.
Espero que mis aflicciones, mis trabajos, mis necesidades, mis pobrezas, mis desconsuelos, me los volverás gozos, dando a mis tribulaciones alegría y a mis prisioneros libertad.
Y pues eres mi Padre y todo mi bien: Ampárame, socórreme, asísteme, defiéndeme, favoréceme, y en la hora de la muerte, preséntate a mi vista con el lucido escuadrón de los Ángeles, recibiendo mi alma en tus brazos, para que descanse en Ti y goce de las delicias celestiales en tu amable compañía por los siglos de los siglos.
Amén.
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Jaculatoria
Jaculatoria propia del séptimo día.
Diversos portentos, Niño querido,
haces diariamente al que está afligido.
Yo a la vez te ruego me sea concedido
lo que solicito con deseo crecido,
logrando el favor que hoy postrado pido.
Amén.
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Oración del Séptimo Día
La oración principal de hoy.
Admirable Niño de Atocha: incomparables son tus maravillas. Candidísimo Niño, yo te saludo, yo te adoro, yo te alabo, y te ofrezco estos tres Padrenuestros, tres Avemarías con Gloria Patri, y los uno con esta séptima Jaculatoria, en memoria de aquella séptima jornada que hiciste a la ciudad santa de Jerusalén, en las entrañas purísimas de tu querida Madre, que te servían de palacio y habitación.
Allí, después de tu crecida edad, obraste los misterios de nuestra redención, y a donde se le presentaron a tu Madre, María Santísima, al pasar por aquellas calles, las nuevas jornadas que habías de hacer en ellas: de tribunal en tribunal, y las posadas tan malas que habías de hallar en aquellos pretorios. Porque en una de aquellas casas habías de ser aprisionado, y en una de sus plazas, atormentado con cinco mil azotes.
En esa representación, sus ojos eran fuente de lágrimas. Por esta consideración que tuvo, y por aquellas benditas lágrimas que derramó al pasar por el monte Calvario —donde con más abundancia se aumentaba su llanto, porque conoció que allí era donde debías expirar en el patíbulo de la cruz—, por esos sentimientos que compungían su corazón en aquel instante,
Te pido, amorosísimo Niño de Atocha, que oigas mis súplicas y remedies mis necesidades. Para lo cual interpongo los méritos de todo esto que te recuerdo, y los uno a los méritos del deseo que tenías porque se cumpliera en Ti la voluntad de tu Padre celestial.
Por todo ello, humildemente te ruego y espero me darás feliz consuelo en lo que solicito, dándole buen despacho a mis peticiones. Pues nuevamente interpongo los méritos de los trofeos en quienes descansas, como un trono de tu gloria y asiento de tu majestad.
Y por todos estos méritos creo y espero no salir desconsolado de Ti, y gozar de una feliz muerte, para ir a acompañarte en la celestial Jerusalén de tu gloria.
Amén.
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3 Padrenuestros y 3 Avemarías
Los que ofreciste en la oración del día. Toca el botón al terminar cada uno.
3 × Padre Nuestro
3 × Avemaría
✓ ¡Listo!
Termina diciendo el Gloria:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Toca «Siguiente» para continuar.
Texto del Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Texto del Avemaría
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
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Tu petición
Pide con fe lo que necesitas.
En silencio o en voz alta, pide al Santo Niño de Atocha lo que necesitas, con fe y confianza. Puedes pedir por ti, por tu familia o por alguien que lo necesite.
Se guarda solo en este dispositivo para que la recuerdes cada día. Nadie más la ve.
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Ofrecimiento de la Petición
Ofrece tu petición al Santo Niño.
Portentísimo Niño de Atocha, bien mío, hermosura sin igual de los cielos, encanto de los corazones, dulcísimo Creador mío, único dueño de mi alma, piadosísimo Jesús de mi vida, alegría incomparable de toda criatura.
¡Oh generosísimo Niño! ¿A quién sino a Ti hemos de recurrir en las necesidades y tribulaciones que en esta vida padecemos? ¿A quién sino a Ti, divino Emmanuel? ¿A quién sino a Ti, amorosísimo Niño? ¿A quién sino a Ti, que eres raudal de beneficios, puerto seguro de confianza, Padre de misericordias y todo nuestro bien en esta vida? ¿A quién sino a Ti, que eres el inmenso, el infinito, el solo Dios verdadero?
Tú eres nuestro Padre, nuestro Redentor, nuestro Conservador y todo lo que somos. Adórente los Ángeles; las criaturas todas te alaben en la tierra; las plantas, las flores y todo lo que tenga ser te engrandezca; las aves todas se regocijen al oír tu dulce advocación.
Pacientísimo Niño, Tú sabes las necesidades que tengo, las aflicciones que me cercan, como que a tus divinos ojos nada es escondido. A Ti, Poderosísimo Niño, presento mis quejas, mis trabajos y angustias, confiado en que me las aceptarás benigno, concediéndome lo que en esta petición te ruego.
Pues Tú eres el árbol frondoso y al que se aloja a tu sombra llenas de felicidad. Tú eres el que conviertes los enojos de tu Padre en dulces misericordias. Tú eres el mediador entre tu Padre y los hombres. Tú nos prodigas cada día, a cada hora, a cada instante, tantas bondades, tantos beneficios, que no somos capaces de corresponder como debemos.
Mas ahora, postrados delante de Ti, imploramos tu clemencia, como que Tú eres el Autor de nuestra vida, a quien debemos todo nuestro ser; y así espero que, como eres Todopoderoso y estás sentado en la Silla de la Sabiduría, en esa Silla de Potestad, te dignaste instituir el Sacramento de la Penitencia, para que con él purifiquemos nuestras almas y volvamos a tu amistad y gracia.
Yo te ofrezco estas oraciones para que las presentes a tu Eterno Padre, y por ellas logren descanso las benditas ánimas del Purgatorio. Y nosotros todos los necesitados tengamos consuelo y merezcamos alcanzar de Ti, Niño de Atocha, lo que deseamos, dándonos juntamente una verdadera contrición y arrepentimiento de nuestras culpas, para llegar a verte en la gloria.
Así lo esperamos de tu piedad, siendo siempre en nuestro favor hasta la consumación de los siglos, y en el día del juicio esperamos verte, para pasar en tu compañía a gozarte en la celestial mansión de la bienaventuranza.
Amén.
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Oración a su Santísima Madre
Pide la intercesión de la Virgen María.
Inmaculada Madre de Dios, María Santísima de Atocha, agradable Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del reino de los cielos y divina aurora por quien, después de Dios, vive toda criatura racional en la tierra. Inclina a mí esos tus bellísimos ojos, ilumina esta pobrecita y ciega alma.
Mírala, Madre de misericordia, tan envejecida y apolillada con los apetitos de mis pasiones. Compadécete, Señora, de su ruina, para que alcance de tu Santísimo Hijo que la renueve, la limpie y la restituya a su gracia, concediéndome también lo que le pido en este día.
Suplícale me dé luz en el alma para que conozca y vea yo mismo lo errado que he andado, desviándome del redil y rebaño de su divina gracia, y no permita que vuelva a tropezar con los engaños y deleites del mundo, dándome fuerza para no caer nuevamente en la red del demonio, ni me deje perecer en los precipicios de la carne.
Sí, amorosísima Madre, cierto estoy que hasta ahora no ha habido uno de los que han implorado tu protección que haya salido desamparado. Con tal certeza, hoy me postro a implorar tu poderoso auxilio y espero que serás mi intercesora para con tu Santísimo Hijo.
Y alcanzaremos todos los que, juntos y congregados, recurriésemos a implorar de tu divino Niño su amparo en las tribulaciones, logrando merced y gracia, cediendo benigno a nuestras peticiones buen éxito en nuestras necesidades, así espirituales como corporales.
Así lo esperamos del Santo Niño de Atocha, tu querido Hijo, que si este favor que le pedimos nos conviene y es de su agrado, nos lo conceda siendo en honra y gloria suya; y si no, que se haga su santísima voluntad, dándonos una perfecta resignación en esta vida para servirle, llevando con paciencia nuestros trabajos y aflicciones, para lograr una buena muerte.
Amén.
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9 Avemarías
Para la Santísima Virgen de Atocha. Toca el botón al terminar cada una.
9 × Avemaría
✓ ¡Listo!
Toca «Siguiente» para continuar.
Texto del Avemaría
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Paso 9 de 11
Gloria
Alaba a la Santísima Trinidad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Persignarse
Haz la señal de la cruz para terminar.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Paso 11 de 11
¡Terminaste el Séptimo Día!
Que el Santo Niño de Atocha te bendiga y acompañe hoy.
Día 7 completado
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